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Buda y e Dukkha

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Buda es una palabra en sánscrito que tiene dos significados relacionados entre sí; uno es Verdad última o Mente y el otro hace referencia a aquél que despierta a la verdadera naturaleza de la existencia.

La persona conocida como Buda, un príncipe hindú que vino al mundo hace más de dos mil quinientos años, estaba destinada a ser el líder de un pequeño reino, pero en cambio él prefirió seguir un camino espiritual.

Se dice del príncipe Siddharta, nombre con el que se le conocía antes de su iluminación, que eligió la vida espiritual precisamente porque le afligía la pobreza, la enfermedad y el envejecimiento.

La India en esa época vivía bajo un rígido sistema de castas. Los que pertenecían a la casta inferior, los Intocables, sólo podían trabajar realizando aquellas tareas que los demás rechazaban: transportar los cadáveres hasta las piras funerarias, limpiar los desechos producidos por los humanos y las bestias, mantener apartadas las serpientes venenosas y otros animales peligrosos de los lugares donde vivían las demás personas, y cosas de este tipo.

A Siddharta, que pertenecía a la casta dirigente, la más privilegiada, le inquietaba profundamente la situación de los Intocables. No podía aceptar las enseñanzas religiosas convencionales: éstas predicaban que los Intocables habían nacido en el seno de esta casta como resultado de su vida anterior y que no podrían cambiar sus circunstancias hasta su próxima reencarnación.

Siddharta se dio cuenta de que todas las personas en este mundo, fuese cual fuese su rango o sus logros espirituales, estaban sujetas a la enfermedad, al dolor, a las pérdidas y a la muerte.

Este hecho generó profundos anhelos espirituales en el joven príncipe, ansiaba descubrir la causa o el origen del sufrimiento, para así poder hallar una cura para aliviarlo.

Tras seis años de austera y exigente práctica diaria del yoga, Siddharta se sintió débil y exhausto. En un momento de inspiración, descubrió lo que él llamaría el «camino del medio» de la práctica meditativa, un método que mejoraba la salud y la fortaleza física, y a la vez elevaba el grado de concentración y de conciencia.

A través de este método, Siddharta alcanzó finalmente un profundo reconocimiento de la naturaleza de la vida humana.

Esencialmente se puede decir que comprendió de qué forma generamos el sufrimiento y cómo podemos aliviarlo. También vio, de manera concreta y específica, la interrelación que existe entre todos los seres del mundo, que se hallan unidos por su mutua dependencia.

A partir de la comprensión clara de estas verdades, descubrió también que la vida humana puede ser una gran agonía o por el contrario una gran alegría y oportunidad. Para vivir una existencia llena de libertad, salud y alegría, debemos ser compasivos y tolerantes.

Y llegar a ser compasivo y tolerante, requiere afrontar individualmente el dolor y el sufrimiento, comprender su significado y despertar a la conciencia de la dependencia, de la interconexión de todos los seres.

Buda enseñó el método para desarrollar este proceso, y dejó tras él un amplio cuerpo de conocimientos y de sabiduría acuñada a partir de su propia experiencia.

El principio fundamental del budismo es que «la vida es sufrimiento», en el sentido de dukkha. Este término en sánscrito, que Buda utilizó para describir la condición esencial de la vida humana, se suele traducir por «sufrimiento», pero su sentido se acerca más a «insatisfacción» o «descontento».

Literalmente, significa rueda que no gira o que tiene su eje desencajado. Se refiere a aquellas reacciones internas o comentarios que para sí realiza una persona, y que surgen partir de situaciones desagradables o dolorosas en frases como: «No me gusta esto», «¿Por qué me tiene que pasar a mí?» o «¿Por que seré tan tonto?», y que ocurren cuando las cosas no van como uno quisiera.

El concepto de dukkha es fricción y descontento, es la negatividad que nos desequilibra, que nos ata a nuestros deseos y quejas.

En cambio el dolor es universal y necesario para todos los seres humanos. El ciclo humano de nacer, crecer, envejecer y morir conlleva inevitablemente mucho dolor y pérdidas. Si se comprende realmente una experiencia dolorosa, entonces es posible despertar a una nueva forma de darle sentido.

Cuando dukkha -neurosis y sufrimiento- interfiere en el encuentro de un individuo con el dolor, y es inevitable que suceda así, entonces se detiene el curso de la evolución de esta persona.

A menudo se queda estancada en la autocompasión, la envidia y el resentimiento, que llevan a mayor sufrimiento, y que pueden incluso generar más dolor si actúa en base a esos sentimientos.

A lo largo de la existencia humana es de esperar sentirse incompleto y confuso, pero esos sentimientos se pueden aliviar y transformar. Muchas veces no nos damos cuenta de que nos falta algo hasta que experimentamos dolor o tristeza que nos hacen tomar conciencia de ello.

Algunas personas se dan cuenta pronto de lo incompleto de la vida, porque pasan por dificultades ya durante la infancia, en cambio otras lo descubren más tarde, a partir de enfermedades, pérdidas o traiciones posteriores.

Sea cual sea el momento en que veamos que no tenemos control absoluto sobre la existencia, que las cosas malas pasarán igualmente por muy buenos que intentemos ser o por muy bien que queramos planificar el futuro, nos veremos abocados a un estado evidente de dukkha, nos sentiremos incompletos, insatisfechos, confundidos.

El budismo nos enseña que gran parte de nuestro sufrimiento es consecuencia directa de nuestras propias creencias y actitudes, a menudo no reconocidas, que se reflejan en la forma de ver las cosas y de actuar.

Polly Young-Eisendrath

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